Posteado por: raquelromero | 13 diciembre, 2017

OFICIO DE GALEOTES

Zumbando, con alas pesadas de humedad, aterrizó donde posaba mi bolígrafo. Me miró a los ojos, aquella mosca con cara de Cervantes, y susurró: Escribe, no dejes de escribir, tal vez nazca una Quijota de tu tinta cansada.

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