Posteado por: Raquel Romero Luján | 9 noviembre, 2018

ARCOÍRIS INVERTIDO

imagesHay días que cuando menos lo esperas llueve en ti y esa lluvia te empapa la cara. Sabes que el detonante no es la causa, que la tormenta dormía tras el mar en calma que hacía barruntar lluvia. Toda fortaleza se derrite y quieres que te abracen y que te arrullen y poder susurrarle a alguien: ¡Yo soy chica! No se puede ser siempre fuerte. Los seres sensibles que cuidan de otros necesitan ser mimados. Aquí no puedo llorar ni mostrarme vulnerable. Me necesitan entera los que esperan mis cuidados.

Me miro al espejo. Reconozco a la niña triste que se siente orgullosa de la mujer vitalista que la contiene. Ya lloraremos juntas cuando estemos solas, le digo. Las lágrimas se agazapan tras los ojos, quietas, como la calma chicha que anuncia lluvia. Respiro hondo y ensayo mi mejor sonrisa en forma de arcoíris invertido.

Raquel Romero Luján (09/11/17)

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Posteado por: Raquel Romero Luján | 8 noviembre, 2018

CONMIGO

Hace dos años y medio revolucioné mi vida, rompí con la vida que no quería vivir. No fue nada fácil, había muchas cosas en ella que amaba: arropar a mis hijas cada noche, nuestras tertulias confidenciales en el baño que compartíamos, verlas cada día. Eso fue lo más difícil de encajar. Rompí con veinte años de matrimonio porque ya estaba roto, a pesar de querernos, de que pensara que era el hombre con el que siempre había soñado estar. Pero nuestra relación no era nada sana, no supimos hacerlo, no evolucionamos a la par: él no era feliz, ni yo, y no les estábamos dando a nuestras hijas la familia que merecían. Lo dejé por amor. Amor a ese hombre que hacía tiempo que quería volar. Amor hacia mí misma que volaba a ratos pero volvía bajo su ala por miedo, por seguridad, por necesidad camuflada de muchas cosas. Amor hacia mis hijas: no quería un hogar triste, huraño, desajustado; no quería que pensaran que uno no es libre siempre y que si no es plenamente feliz donde está debe romper por difícil que sea. Y fue la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Los miedos (a la soledad, a equivocarte, a estar arruinando tu vida y la de tus seres más queridos: miedo al cambio, en definitiva) te paralizan. Siempre dije que lo hice por mis hijas y por mi madre. Porque mis hijas sepan que se puede salir adelante sola, por hacer justicia a mi madre (mujer vitalista y luchadora pero hija de la época que le tocó vivir).

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Con el tiempo ese hombre que me acompañó durante veinte años de mi vida y al que elegí como padre de mis hijas con muy buen criterio, me agradeció que tuviera la valentía de hacer lo que no se atrevía.
No fue fácil. Trato de poner buena cara a la vida porque está llena de cosas hermosas, trato de que los que me quieren sufran por mí lo menos posible. Y todos me veían saltar, brincar, viajar, salir, entrar. Y todos lo veían a él mal y yo decía estar, por fin, viviendo la vida que quería vivir. Pero ninguna de las dos cosas era cierta. Yo sufría lo indecible la semana que estaba sin mis hijas (mis dos prolongaciones, como las llamaba). Yo, desde los 16 años encadené una relación con otra y no aprendí a vivir sola. Huía de mi realidad: no quería estar en mi casa, no quería parar, no quería estar sola (nos creemos que la soledad es la inexistencia cuando en realidad es el único modo de conectar con nosotros). Perdí “amistades” que no comprendieron, que decidieron ponerse de un bando, como si dos personas que se han amado y que tienen lo mejor de sus vidas (aquello por lo que tanto han luchado) en común, pudieran estar enfrentados. Del amor al odio hay un paso pero no cuando la separación se hace desde el amor. No puedo odiar al que pensé que era el hombre de mi vida (falacia: la mujer de mi vida soy yo; antes lo decía pero no lo llegaba a sentir así), al padre de mis hijas, al que (con errores por ambas partes) creció conmigo durante veinte años (¡pasamos juntos tantas cosas!), jamás le he odiado. Claro que existen fricciones. Claro que tienes que romper con muchos lazos. Claro que hay desencuentros (si los hay en la pareja es normal que los haya con quién ya de repente no lo es). Pero odio jamás.

Y volví a equivocarme. Creía estar viviendo conscientemente pero no lo hacía. Sin querer queriendo me metí en una no relación que luego fue relación (aunque él lo negara o afirmara según a quién) y que finalmente descubrí que había sido un gran engaño siempre. Eso es lo de menos ahora porque al fin pude salir de aquella nueva cárcel en la que me metí. Por una vez supe lo que era la MENTIRA. Pero también me sirvió, claro. Para analizar qué me llevó a ese punto de inconsciencia temeraria, cómo fui capaz de no querer ver lo evidente. Porque me hacía la ciega, porque necesitaba creerle, porque me conformaba. Y obviaba lo malo, y no atendía a mi intuición que tantas veces me hizo escapar de su lado. Pero volvía reiteradamente a su lado, porque quería creerle, porque me quedaba con lo bueno, porque desconfié de mí misma, porque no atendí a lo que realmente quería: porque no amaba, necesitaba, no compartía, llenaba vacíos.

Y volví a romper, esta vez de forma absolutamente definitiva porque abusó de mi confianza, se aprovechó de mis circunstancias, utilizó el poder sobre mi vida que le otorgué. No es que no le perdone, no se trata de perdón, me produce lástima un ser tan primitivo. No es rencor, simplemente no quiero saber más de él, con lo que sé tengo de sobra.

Y de nuevo empezaron a aparecer otras personas, muchas personas. Y la inercia me hizo equivocarme, pero esta vez solo en mi mente. La vida, o mi actitud ante ella, me regaló gente honesta por el camino. Maestros que sutilmente me ponían un espejo que me cuestionaba a mí misma.

Y aquí estoy. Sola y feliz, por fin.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 2 noviembre, 2018

TARTA DE CHOCOLATE; OJOS DE CACAO

Abre la nevera. No alcanza a verme con su mirada de cacao. No consigue leer la frase que me recubre: ¡Feliz cumpleaños, querida Raquel!

La niña triste cierra la puerta, llora y grita: ¡No soy nada para nadie! ¡Nadie me quiere! ¿Será verdad que me recogieron de un vertedero?

Trabajo del Taller de escritura de Santiago Gil, Casa Museo León y Castillo, Telde. Escrito en clase el 20/10/18 Escribir en no más de cinco líneas lo que ocurre cuando abres la nevera y ves la tarta de tu sexto cumpleaños.

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Posteado por: Raquel Romero Luján | 25 octubre, 2018

Alfonsina

Altar

Autor: Julián Padilla Postigo

Bucea para preguntar a los bucios por el amado. Llena de salitre los pulmones hasta casi reventarlos. A través del cristal salado, entre anémonas y chuchos amarillos, descubre el reflejo del amante: un verde cadáver sin navajas. Sin temor, desciende hacia los abisales juegos del intelecto hasta alcanzar la utopía.
Ahora, los restos del naufragio son la lápida de su intuición. Tanta alma de tiburón aplicó en rozar lo intangible, que su coraza de cangrejo permanece flotando libre en la orilla, mecida con los vaivenes del océano imantado de luna.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 21 octubre, 2018

ABSUELTO

Sí, es un maltratador, un acosador, un narcisista incapaz de sentir emoción, un depredador de alma negra, una sombra oscura que la cautivó, que la aniquiló hasta dejarla sin voluntad, sin vida. Pero no puede ir a prisión, me ama cada noche y cada mañana como nadie. Su suave piel azabache de demonio me tiene atrapada. Yo atrapada. Él libre.

 

Propuesta: Eres jueza y tienes que dictar sentencia quieres que sea justa pero tienes muchas presiones y terminas dictando una sentencia injusta.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 19 octubre, 2018

A ellas, a ellos,a todos: ¡Gracias!

Trabajar quince años en oncología, en un servicio saturado, te lleva a conocer a muchas mujeres afectadas por el cáncer de mama. No solo las conoces a ellas, conoces a sus parejas, a sus hijos, a sus padres, a sus amigos. Es de los tumores que más se sabe, que más se diagnostica precozmente, que más tratamientos avanzados tiene, que más buenas expectativas tiene y, de los pocos, en los que existe posibilidad de curación (desgraciadamente en la mayoría se habla de esperanza de vida sin enfermedad, son más frecuentes las recaídas a cinco o diez años, más posibles las metástasis… porque se diagnostican más tarde, porque no hay tratamientos tan efectivos). Pero hay que pasarlo, amiga o amigo (un 1% de los hombres lo padecen).

Durante quince años miré a los ojos a muchas mujeres, a muchos familiares para explicarles la caída del pelo, la pérdida de las uñas, las náuseas y/o los vómitos, el estreñimiento, el cansancio, la bajada de defensas, la anemia. Pero sobre todo para explicarles cómo prevenirlos, cómo combatirlos si aparecían, para transmitirles seguridad, tranquilidad. Para decirles la parte fea de la que a muchos les cuesta hablar. Para empoderarlas. Para hacerles saber que solo ellas podían cuidarse. Para decirles que se permitieran llorar, que era normal sentir miedo, rabia, frustración, tristeza. Para escucharlas. Para acompañarlas. Para ayudarles a ir sin peluca si querían. Para que se permitieran mirar descaradamente a los que se daban la vuelta a mirarlas con lástima por llevar un pañuelo. Para transmitirles esperanza, fuerza, capacidad de lucha pero para decirles que también se permitieran ser vulnerables, se dejaran cuidar, mimar y querer.

Durante quince años tuve que hacer esto con desconocidas, con conocidas, con compañeras, con amigas, con familiares muy cercanos y queridos. A algunas las vi recaer, a algunas morir, a algunas sobrevivir, a algunas curarse.

No es fácil saber. No es fácil vivir. No es fácil ser fuerte. No es fácil transmitir esperanza. No es fácil sufrir. No es fácil saberte ellas. No es fácil ser fuerte. No es fácil ser enfermera. No es fácil ser enfermera oncológica. No es fácil tener cáncer. No es fácil que un ser querido lo tenga. No es fácil.

Durante quince años tuve que ser fuerte y transmitir fortaleza (ni más ni menos que lo que ellas hacen durante su proceso). Durante quince años fueron mi espejo. Durante quince años ellas, y todos los pacientes con cáncer, me enseñaron y me dieron más cosas bellas de las que yo pude darles nunca. Durante quince años no pude irme de su lado. Durante quince años me pareció el mejor trabajo, los mejores pacientes posibles.

Pero no somos superhéroes, no somos invencibles, somos humanos, tenemos nuestros problemas y, el ser empáticos y sensibles, puede llevarnos a claudicar. Y claudiqué. Y me quemé. Y no pude seguir cargando con tanto peso, con tanto dolor.

Ellas, ellos, todos, están y estarán siempre conmigo.

¡Gracias por hacerme ser quién soy hoy!

Posteado por: Raquel Romero Luján | 18 octubre, 2018

Contraluz

15398762275868063156960167835179 El descanso de la guerrera llegó (aunque dure un rato). A veces parece que todo se confabula para que te llegue el agotamiento.
El cansancio me entristece, me hace ver la vida en blanco y negro. Me lleva a pensar porqué siempre estoy para todos y nadie está para mí. Sé que es una falacia: que es fruto del cansancio, pero cuando estoy agotada necesito sentir que alguien me cuida y no existe ese alguien. Solo yo me cuido. A veces no tengo ni energía suficiente para hacerlo. Lo bueno es que sé que cuando descanse volveré a ver la vida de colores, volveré a seguir cuidando sin nada pedir, volveré a no necesitar nada porque volveré a estar conmigo.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 12 octubre, 2018

NI MÁS NI MENOS QUE UNA NUBE

1539361769712114699414771951984No se sabe
tatuadora
en la mirada
del otoño
recién nacido

No se sabe
paleta
en el espejo
de Magec

No se sabe
navegante
en la partitura
de los alisios

No se sabe
cascada
entre volcanes
de olivina

No se sabe
sal
en las huellas
sangre
de aguaviva

No se sabe
arcilla
en la presa
tintineo
de cantonera

No se sabe
poso
en el aljibe
espiral
de sumidero

No se sabe
oquedad
en la orilla
rumor
de dunas

No se sabe
cristal
en las cloacas
cicatriz
de barranco

No se sabe
preticot
en la tarde
frío
de relentada

No sabe
que soy
a la intemperie
nube multicolor
deshilachada
cúmulo
de soledades
a
destiempo

No sabe

No le importa

No le importo
a la nube
nada

Posteado por: Raquel Romero Luján | 10 octubre, 2018

HONESTOS

Posteado por: Raquel Romero Luján | 6 octubre, 2018

VUELO DE DIVA

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Uno no se va nunca sin un adiós; sin un hasta siempre.

Amanecimos mudos, sin intensidad, sin esa mirada de niña luminosa.

La siento detrás, despidiéndose. La imagino con Freddie, dibujando con sus voces aquel “Barcelona” que conmovió al Mundo; que hoy tarareamos todos en nuestros corazones.

 

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