Posteado por: raquelromero | 8 mayo, 2017

MÚSICA LITERAL

pianoPiano sin dueño: libre con sus acordes y sus silencios. Maestro del alma sensible sonó al ritmo de nuestras neuronas juguetonas. El ímpetu de la imaginación entrelazaba las notas mudas.

Posteado por: raquelromero | 30 abril, 2017

PLENILUNIO (ETERNO LUNES PLENO)

La luna rige mi universo. Agua imantada de fluir mágico. Arrastrar de latido constante, fluctuante.

Desaprender. Saber que odiar los lunes es solo otra atadura establecida. Amar los lunes. Cuando el tiempo se detenga en el murmullo cósmico del satélite, solo los lunáticos serán felices.

El tiempo es un subterfugio del hombre ansioso o melancólico: del insatisfecho. El feliz sabe que el tiempo es quimérico por definición. Más allá del espacio y del tiempo, la vida es. El resto es un invento de los frustrados.

El mar se lleva lo superfluo: solo lo esencial permanece. Vivir guiados por la brújula perfecta con la certeza de que llegaremos a buen puerto. Todo está bien. Todo estará bien. Dejarse mecer por la magia de las mareas. Saberse energía que retorna incansable. Saberse nada para abarcarlo todo. Celebrar la fuerza lunática que nos conforma.

 Lunes eterno: eterno plenilunio.

 Plenilunio eterno: vivir pleno.

Posteado por: raquelromero | 23 abril, 2017

EMPATÍA

móvil raquel 0904 1651¡Cálzate primero los zapatos de aquel al que te atrevas a juzgar!

La frase final era rotunda. Había conseguido el efecto pretendido, al menos eso reflejaban las caras de los asistentes al acto.

Aprovechó el interludio para ponerse los mocasines que se había quitado al comenzar. No había manera. Parecían los de un niño. Solo ahora recordó que había pasado la noche entre pesadillas sudorosas buscando el modo de quitarle a su hijo de la cabeza aquel disparate de querer ser escritor.

Posteado por: raquelromero | 17 abril, 2017

AMOR FRATERNO

Desde que nació supo que el universo familiar giraba entorno a su hermano el diferente, el especial. Lo asumió con la misma naturalidad con la que respiraba.

Por eso no le importó que el único globo que compró su padre en la feria fuera para él. Cualquier cosa con tal de evitar una rabieta en la que mordiera, se pellizcara o tirara de los pelos. Además, mejor no estar cerca si ocurría.

Cuando una racha de viento cálido le arrebató el globo de Frozen, se acercó temeroso y le dijo con calma: “Tranquilo, Ale, el sol derretirá el castillo y cuando llueva sentiremos la alegría de las hermanas que podrán de nuevo estar siempre juntas.”.

Él también soñaba con derretir el castillo frío en el que habitaba su hermano y poder abrazarlo sin miedo.

Los dos niños miraron las piruetas de hielo en el aire sin dejar de sonreír.

Posteado por: raquelromero | 10 abril, 2017

CONTRASENTIDO

No queda otra. Echaré de menos el mar, las calles adoquinadas, el cielo azul, la alegría del que sesea, el olor a estefanota.

No importa. En Nueva York seré feliz. Escribiré mi gran novela: la novela.

 

Antes del amanecer, al partir, la mujer del taxi piensa en el éxito. Con la mirada perdida, distingue la silueta de la mujer confiada que camina en sentido contrario por la avenida. Se mira incrédula la ropa.

La viandante se gira porque siente un escalofrío en la nuca.

La viajera vuelve la cabeza como llamada por un recuerdo inexistente.

Como la que se mira al espejo, cruzan sus miradas idénticas. Parpadean al unísono culpando a la falta de luz, al sueño, a los miedos, a la falta de valor.

Dentro de unas horas olvidarán el espejismo paralelo que fluye en sentido contrario: la intuición de otra vida posible; de la vida imposible.

Posteado por: raquelromero | 27 marzo, 2017

Fieltro negro con alma de unicornio

Divaga. Me evado. Bailan mis neuronas entre música, libros, bibliotecas y teatros. El sonido del lápiz tatuando el folio se hace intenso.

Miro el sombrero de fieltro negro, las gafas rojas, la botella azul.

Divago. Se evade. Centro mi atención en las pelusas blancas que maculan el negro sombrero.

Debo escuchar crujir la madera, ver aparecer un unicornio entre Rito y el sombrero.

Siempre he sido una rebelde.

El sombrero es mi unicornio.

Escrito en el Taller de escritura de Santiago Gil en La Casa Museo Pérez-Galdós el 25/03/2017

Posteado por: raquelromero | 19 marzo, 2017

JOSÉ LUIS ROMERO RODRÍGUEZ

Mi querido padre:

Cuarenta años de diferencia son muchos años. Tal vez por eso en algunos momentos de nuestras vidas nos ha costado entendernos.

Me has enseñado mucho: a nadar, a montar en bicicleta, a admirar los paisajes, las culturas, la arquitectura, a sonreír en las fotos.

Has tenido que soportar mis enfados, mi falta de paciencia de niña con un adulto que me exigía lo mejor, de adulta con un anciano que no oye bien, que se aísla del mundo para huir de sus fantasmas, que no tiene la capacidad física de antaño pero sí el ímpetu y las ganas infatigables de aprender cada día.

Sabes que no me gusta compartir mis penas, que prefiero sonreír diciendo que todo va bien, que no me gusta cargar con mis problemas a los que más me quieren. Pero al final, siempre, siempre, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, muchas veces sin comprender o aceptar mis acciones, siempre, siempre, has estado a mi lado; en la lucha, codo con codo.

En mi época loca de juventud me veías en la distancia con temor, pero dejaste que libremente las aguas se calmaran. Confiaste en mí.

En el peor momento de mi vida, cuando luchaba incansable por la salud y el bienestar de mis dos prolongaciones, allí estuviste: llevándonos y recogiéndonos en el Materno o en rehabilitación, yendo a buscarlas a la guardería en el carrito gemelar. Sufriendo a nuestro lado y riendo con los pequeños triunfos diarios. Confiaste en mí.

Cuando decidí separarme, sé que te herí porque él era un buen hombre y mejor yerno. Pero te limitaste a decirme: “Nena, solo quiero que seas feliz.”. Confiaste en mí.

Sabes que me cuesta acudir a ti, sé que eres un hombre que se preocupa demasiado, no me gusta incrementar tus angustias ni ser para ti un problema. “Tú para mí no eres un problema.” Me repites a pesar del dolor que te cause. Confías en mí.

Soy muy afortunada por tenerte, papi. Por poder celebrar un año más el día del padre a tu lado. Nadie es perfecto. Todos cometemos errores. Nadie está libre de pecado. Con tus defectos, con los míos, luchamos cada día por ser mejores personas.

Ustedes son mis tres niñas.” Nos repites a mis hijas y a mí. Sé que otras niñas están en tu corazón: mamá, Trini, tus otras nietas y bisnietas. Pero me encanta el cariño con el que nos lo dices. Me demuestras cada día tu amor incondicional, tu respeto más allá de la incomprensión. Soy muy afortunada por tenerte, papá, no solo porque siempre has estado cuando te he necesitado, por todo lo que me has enseñado en esta vida: a ser generosa, leal, a amar la naturaleza, a luchar a brazo partido por los tuyos, a querer aprender cada día, a tener siempre una mano tendida, a confiar en que haciendo el bien hacemos nuestro mundo un poco mejor.

La vida no es un jardín de rosas, mucho menos para los que nos toca herirnos con las espinas, pero tú me has enseñado a disfrutar el perfume de la flor aunque su tallo duela, porque la raíz del rosal (esta familia nuestra; caótica pero maravillosa) nos sostiene de cualquier tempestad.

Eres un gran hombre, papá. No puedo imaginar un padre mejor (los habrá, seguro, pero no para mí). Espero poder felicitarte al menos veinte años más por el día del padre, y que la salud te acompañe hasta el final.

No somos ángeles. Pero yo tengo a mi ángel de la guarda particular, ese al que de niña soñé vestido de Superman. Sigues siendo mi superhéroe aunque conozca tus aristas. Tú eres mi ángel de la guarda y, cuando la ley de la naturaleza te robe el cuerpo físico, seguirás estando siempre a mi lado.

Gracias por todo, papá.

Tu niña.

Posteado por: raquelromero | 26 febrero, 2017

APRENDIENDO EN EL OCÉANO GALDOSIANO

    Imagen de José Juan Calderín PeñateImagen de José Juan Calderín Peñate tomada por Carlos

Buceando entre las palabras del multiverso cuántico, revolvían entre las arenas abisales de sus almas.

Un angelote extendió sus aletas en el fondo marino, entonces vieron un holograma: en él un espacio rectangular, cabelleras de aprendices en ebullición. Al fondo, de frente, un tipo parece instruirles; como un lobo que aúlla a la luna les repite incansable: “Me veo claramente buscando en las palabras trozos de corazón.”.

 

 

Escrito el 25/02/2017

Ejercicio de clase del Taller de Escritura de Santiago Gil en la Casa Museo Pérez Galdós: Imaginar que al fondo de la sala aparecen dos buzos.

Posteado por: raquelromero | 24 enero, 2017

LA MUERTE DEL CISNE

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En apariencia, era ligera y frágil como un cisne.

En su interior, la fuerza de la música la empujó a pelear por sus sueños.

Tal vez empleara toda su energía en hacerse un hueco en el mundo de la danza. En una profesión acostumbrada hasta entonces a bailarinas atléticas, contra todo pronóstico, su gracilidad la llevó a convertirse en bailarina principal.

El día del estreno, Anna, Anuska para los amigos, sintió que todo le daba vueltas, dejó de notar los brazos y las piernas, un sudor frío resbaló por los lados de su cara. Buscó en el tocador un pasador de pelo, con él se arrancó los ojos, con él se perforó los tímpanos. Un simple pánico escénico no acabaría con su carrera.

Tenía la melodía grabada en cada célula de su cuerpo; podría bailar al son de su música interior. Había aprendido a ser su propio reloj; controlaba la hora exacta a la que se subiría el telón. A tientas, de recuerdos, se situó en el centro del escenario. Con el tutú blanco moteado de púrpura, esperó paciente el comienzo de La Muerte del cisne.

Posteado por: raquelromero | 5 enero, 2017

AHORA ES LA HORA

reloj-puerta-del-sol-madrid1No sé cómo llegué aquí, ni porqué estoy sola, ni que hago en la Puerta del Sol. Sé que es Fin de Año por estos locos que me rodean medio beodos o beodos enteros, según el caso. “2017” leo en esas gafas ridículas de cotillón. No recuerdo nada. No sé si tengo familia, trabajo, amor. No sé si fumo, si voy al gimnasio. ¿Qué puedo proponerme para el nuevo año si desconozco mis vicios? Solo sé que solo llevo puestas unas braguitas debajo de este abrigo que tampoco sé como llegó a cubrirme, unas medias sujetas con liguero y unos tacones demasiado altos para lo grande que soy. Le veo a todos las calvas, las greñas, las canas. No llevo bolso, ni cartera, ni nada. Miro fijamente al reloj a ver si a las doce se deshace el embrujo y recuerdo algo. Enfoco bien la mirada. Justo en la punta de la aguja pequeña hay un ave posada. Parece una gaviota. Es una gaviota. Negra como un cuervo pero gaviota al fin y al cabo. Me mira altanera. Levanta el vuelo. Se posa ahora en mi hombro derecho y me susurra: ahora. Solo entonces noto mi cuerpo rodeado por los explosivos y en la mano izquierda el interruptor. Apreto el botón.

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