Posteado por: Raquel Romero Luján | 23 abril, 2019

EL LECTOR ES FELIZ CADA DÍA

Me encanta el día de hoy (el día del libro, el día de San Jorge). Regalo y me auroregalo libros a menudo. Cada 23 de abril, mis hijas reciben un libro (y por su cumpleaños, y los han traído los Reyes Magos, y en cada Feria del Libro, y cada vez que pisamos una librería o una biblioteca). En el grupo de wasap de mi familia, y de amigos, nos felicitamos por este día. En mi pequeña sociedad se lee, se lee mucho y me sé privilegiada por ello. Nací en una familia de enfermos por la literatura y eso nos hace poder vivir muchas vidas en esta tan limitada. Mis hijas han regalado siempre libros a sus amigos por su cumpleaños.

Es una enfermedad contagiosa esta pasión por la literatura.
En mi pequeña sociedad se lee, se lee mucho y me sé privilegiada por ello. Nací en una familia de enfermos por la literatura y eso nos hace poder vivir muchas vidas en esta tan limitada. Mis hijas han regalado siempre libros a sus amigos por su cumpleaños.

Es una enfermedad contagiosa esta pasión por la literatura.
Hay que fomentar la lectura, decían hace poco en una Feria del Libro, también lo repiten a menudo los que no leen pero queda bien decirlo, hasta lo repiten los políticos: mejor harían en reducir los impuestos abusivos a los libros (obras son amores) . Si cada uno de nosotros comprara, sacara de la biblioteca, regalara, recomendara, hablara de libros cada día, los lectores se multiplicarían: eso es un verdadero fomento de la lectura. Leer es contagioso y se multiplica: un solo libro nos lleva a otros muchos, si a tu alrededor leen cada día, tarde o temprano, abrirás también un libro. Apagemos la tele, los ordenadores, los móviles, las tabletas, unas horas en casa cada día para leer en silencio y disfrutaremos del placer compartido de viajar con la imaginación.

¡Feliz día del libro cada día del año!

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Posteado por: Raquel Romero Luján | 15 abril, 2019

LA LECHUZA

Miro las plumas multicolores, las telas brillantes, las piedras exageradas. Tengo saturada la nariz de aromas penetrantes. Solo deseo que llegue la noche: quitarme las enaguas, desatar el corsé, tirar las alzas por la ventana, ponerme la capa negra, ocultar mi rostro, montar a pelo la yegua, cargar sus alforjas con las sobras de este banquete, llevarme lo que pille de la botica para repartirlo entre los que lo necesitan.

Solo de noche puedo volar.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 17 marzo, 2019

ELEGIR VIVIR, CON TODO

La vida nos lleva, en ocasiones, a abrazar a la tristeza sin remedio. La misma vida que nos ha enseñado que no debemos dejar que nos invada por completo ni durante demasiado tiempo. La que nos ha demostrado que bajar los brazos nunca es el camino; al contrario, la lucha contra lo adverso de los elementos es el único método para salir fortalecidos de los baches. La vida está llena de subidas y bajadas, como buena montaña rusa que es, nos eleva o nos hunde a su antojo. Nada es casual, lo sabemos y lo aceptamos. Abrazar lo que venga con la certeza de que todo está bien: lo bueno para coger fuerzas, lo malo para reforzar los aprendizajes.

 

Vivir con intensidad nos lleva a no huir sino a afrontar. Saber que la vida es un regalo, nos lleva a sentirnos agradecidos por cada instante. Saber que no debemos conformarnos nunca. Tener claro el objetivo del aprendizaje continuo, con afán de superación en cada cosa que emprendamos. Cambiarnos a nosotros para cambiar nuestro pequeño mundo es el único camino para lograr un mundo más equitativo, más sabio y consciente.

 

No se puede, y sería una estupidez hacerlo, huir de la realidad. Muertes, pérdidas, dificultades, tenemos todos.

 

Todos tenemos heridas.

 

Amar las cicatrices porque ellas nos conforman.

 

Hace tres años le ofrecieron a Marina borrar las cicatrices de su cuerpo y ella dijo un rotundo NO. Gracias a mis cicatrices estoy viva, dijo, me siento orgullosa de ellas y no quiero que desaparezcan. Todos los que la amamos nos hubiéramos puesto en su lugar para que abrieran nuestro cuerpo ocho veces en lugar del de esa niñita de ojos grandiosos que era entonces. Pero por mucho que nos doliera, eran sus heridas no las nuestras. Para ella esa válvula forma parte de ella, no recuerda una existencia sin ella, la asume, ha aprendido a amarla y a no sentirse enfadada ni inferior por tenerla. Al contrario, la ama como ama sus cicatrices porque es consciente de que sin ella, sin ellas, no estaría viva.

 

Al final, todo es cuestión de actitud. No huir, enfrentar; con el ánimo de conseguir hacer  lo que hemos venido a esta Tierra: para ser felices. No es fácil, nadie dijo que lo fuera. Vivir cuesta. ¿Acaso no es maravilloso?

 

Posteado por: Raquel Romero Luján | 12 marzo, 2019

MI TÍO JOSÉ: UN SUPERHÉROE

Querido José:

 

Hace tiempo que sé que nada es casual. No sé si hace un mes que tuve la oportunidad de charlar contigo después de muchísimos años. Y como siempre, la charla nos marcó a los dos. Te vi viejito, con ganas de bajar los brazos, pero tu rostro se iluminó al reconocerme: se te saltaron las lágrimas, me besaste y me abrazaste, me dijiste que te acordabas de mis hijas cada día (porque cada día te acordabas de tu nieta y de cuando la llevabas a rehabilitación y allí coincidíamos en la batalla). Fuiste un padrazo y abuelazo. Más bien debería decir fuiste TODO para tus hijas y tus nietos. Fuiste un hombre bueno, trabajador, cariñoso, un resiliente cuando esa palabra era casi desconocida.

 

Eras un hombre joven, muy joven, cuando perdiste a tu esposa amadísima, cuando tuviste que ser madre y padre de dos niñas, la pequeña con tan solo tres años. Seguiste con tu negocio, cuidando de las cabras, de tus suegros, y todavía te quedaba energía para organizar las quedadas en el campo de la familia Luján. Te recuerdo siempre riendo, bromeando, alguna vez enfadado si te enterabas de que pintábamos la calva de Papá Juan o cuando nos cargamos al patito por pretender bañarlo. Te recuerdo siempre cariñoso, con mis abuelos, con mis tíos, primas, padres, hermanos. Siempre me sentí muy querida por ti.

 

Nuestro último encuentro no fue en el lugar más agradable del mundo ni tú estabas del mejor humor, sin embargo reímos, nos miramos a los ojos, lloramos, sentí tu agradecimiento aún cuando te reñí por comportarte como un niño perretoso, por decirte que tenías que cuidar de quién te cuidaba, y parece que me hiciste caso. Fíjate tú, sentí que me respetabas, respetabas a la mocosa a la que en su día subías a tus hombros para trotar con ella por los montes. Creo que los seres libres nos reconocemos y nos entendemos. Te prometí aquel día subir a verte a tu refugio, a tu paraíso, le hice prometer a tu hija que te dejara tener una cabra. No nos dio tiempo. Tu vida fue perdiendo sentido cuando te diste cuenta de que tu cuerpo ya no respondía como tú querías, que aunque tus manos siguieran enérgicas y flexibles, algo fallaba en aquella máquina que escapaba a tu control. Creo, querido José, que sabías que tu misión en la Tierra había concluido: sacaste adelante a tus hijas, a tus nietos; cuidaste de tu terruño y de tus animales mientras el cuerpo lo aguantó. Para qué seguir viviendo. Desde siempre anhelaste volver a reunirte con tu amada pero no podías, la vida te fue poniendo un obstáculo tras otro, siempre había alguien querido que te necesitaba: mientras fueras imprescindible aguantarías.

 

Te fuiste como viviste, con dignidad, con honestidad, con las cosas muy, muy claras. Eres el mejor ejemplo de superhéroe que conozco: toda una vida siendo el pilar fundamental de tu familia. Sé que tus hijas y tus nietos sufrirán con tu ausencia, que todos los que te conocimos sufriremos. Pero dejaste todo en orden, seremos felices al recordarte con esa energía bondadosa que irradiabas. Seremos felices al saberte donde querías: descansando, por fin, junto a tu amada.

Gracias por tu paso por esta Tierra, querido tío (no tenemos la misma sangre pero para mí fuiste un Luján).

 

Nunca te irás, te recordaremos eternamente. Volveremos a encontrarnos y sonreiremos de nuevo.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 8 enero, 2019

MAR AMANDO AMAR

20190101_181508Adjetivo tu verbo
arañándote
el corazón
con los ojos.

Te respiro
en el verde cristal
de tu mirada.

Le metes mano
a mis ojos
mientras
te acaricio
la emoción.

Animas cada letra
con latidos
de sincronía.

Inflas mis suspiros
al saberte fuente líquida
de los deseos.

Lamería
cada
sustancia
salada
que derramaras.

Provocaría
tu volcán
dormido
al obligarte a pensarme,
al saberme.

Estallarías
sobre mi vientre
con todo el olor
a marismas
de tus orillas.

Bucearías
en mis abismos
para pescar
en cálidos
laberintos.

Me tatuarías
tus manos
hasta convertirme
en oleaje infinito
que navegara
libre,

al aire,

libre.

Reposaríamos
entrelazados
en la calma
sosegada
de estos versos
submarinos.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 6 diciembre, 2018

SONRISA MUSICAL

Les contaré dos historias que creo que en el fondo es la misma, reincidente.

Creo que fue el domingo, me enteré de que en el Hospital 12 de octubre tienen musicoterapia. Hace ya muchos años, creo que 11, Marina estuvo casi un mes ingresada allí, y yo con ella (dormía en su habitación, me duchaba en el hospital… nos daban algún fin de semana de permiso, pero casi vivimos allí), allí la operaron, allí se enamoraron de esa niña anciana a la que no hizo nunca falta anestesiar para hacerse un TAC o una RMN, la que iba a quirófano con Osito, la que nunca lloraba cuando la pinchaban, a la que todo el mundo conocía por sus grandes ojos abiertos al mundo. Marina es muy valiente pero le daban miedo los payasos. Su mamá, la menda (cansada, a veces muy triste, a veces muy sola, echando de menos a su otra hija, a su familia), había vuelto a fumar y se escapaba con la excusa de: tomar aire. Una de esas tardes infinitas bajé a “tomar aire”. Marina temía que aparecieran los payasos, me pidió que dejara la puerta entreabierta y cuando volví estaba tapada con la sábana: nunca me ha perdonado que la dejara sola con los payasos por allí pululando.

Siempre que tengo un mal que espantar canto y canto y canto… así que, desde que nacieron las mellizas con seis meses y medio, me han escuchado cantar. En casa, les ponía música clásica a todas horas, para dormir les ponía un cd con el sonido de las olas y música de fondo… así durante casi 7 años. En el coche siempre música: Miliki, Siempre Así, Villancicos, Amaral, La Oreja de Van Gogh, Alejandro Sanz, El último de la fila…

Lo cierto es que las dos, en especial Marina, siempre han tenido mucho oído, siempre han escuchado música a diario, siempre han cantado.
Así es que cuando vi lo de la Musicoterapia, supe que ella no se hubiera escondido debajo de la sábana si en lugar de un payaso hubiera venido un musicoterapeuta.

Pues hoy, me equivoqué de planta al tratar de visitar al marido de una amiga ingresado. Y voilá, la magia me encontró de nuevo. ¡Había una musicoterapeuta! Charlamos durante media hora (el amigo de mi amiga se quedó sin visita), me informó de en qué consiste, y supe que si quiero, con mucho esfuerzo (como se consiguen las cosas que importan), puedo llegar a serlo. La experiencia en el Negrín se inició en Paliativos pero también trabajan en cualquier unidad del hospital que las reclame. No son voluntarios, no son músicos, son profesionales terapeutas, cuyos estudios duran 3 años y del que existe incluso un doctorado. Están integrados en el equipo sanitario, son como los Terapeutas ocupacionales, los psicólogos. Sí, tendré que recuperar mis estudios musicales porque tengo que aprender de armonía y un instrumento (por fin retomaré el piano). Pues después me encontré a una médico de paliativos (que a su vez fue paciente mía) y a otra que además es amiga e inmediatamente después, me enteré del fallecimiento de la madre de un amigo (también paciente mía en su momento) y ya en el tanatorio me encontré con otra amiga cuya madre fue paciente también. Así que hoy hablé de ellas, hoy supe que estaban allí (los escalofríos recorrieron mi cuerpo en varias ocasiones).

Hoy me di cuenta de que tengo la muerte integrada en mi vida. Hoy me di cuenta de que estoy preparada para acompañar, con música mejor, en esos instantes finales de la vida.

La vida es eso que transita por los hospitales, escuché hoy, desde el nacimiento hasta la muerte.

Debemos aprender a dejar ir con calidad, porque lo cierto es que nunca se van del todo. Y dándoles una muerte digna a los que amamos, dormiremos serenos sabiendo que se fueron en paz.

Debemos aprender a estar preparados para morir.

¿Saben cuáles fueron las últimas palabras de la madre de esta amiga después de una sesión de musicoterapia? HA MERECIDO LA PENA. Y dio su último suspiro y ahora la acompaña, a mi amiga, siempre y para siempre, con una sonrisa musical.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 1 diciembre, 2018

LOLA, ESE MIRLO ALQUÍMICO

Todos creíamos que no regresaría nunca: siempre presente pero etérea.

Ayer rompió la tercera dimensión: se hizo materia con alas de cristal y pico naranja; libre y misteriosa, musical y mitológica. No cantó, solo voló y escuchó. Se presentó como vivió: frágil y poderosa, generosa y humilde; ser humano de altura.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 9 noviembre, 2018

ARCOÍRIS INVERTIDO

imagesHay días que cuando menos lo esperas llueve en ti y esa lluvia te empapa la cara. Sabes que el detonante no es la causa, que la tormenta dormía tras el mar en calma que hacía barruntar lluvia. Toda fortaleza se derrite y quieres que te abracen y que te arrullen y poder susurrarle a alguien: ¡Yo soy chica! No se puede ser siempre fuerte. Los seres sensibles que cuidan de otros necesitan ser mimados. Aquí no puedo llorar ni mostrarme vulnerable. Me necesitan entera los que esperan mis cuidados.

Me miro al espejo. Reconozco a la niña triste que se siente orgullosa de la mujer vitalista que la contiene. Ya lloraremos juntas cuando estemos solas, le digo. Las lágrimas se agazapan tras los ojos, quietas, como la calma chicha que anuncia lluvia. Respiro hondo y ensayo mi mejor sonrisa en forma de arcoíris invertido.

Raquel Romero Luján (09/11/17)

Posteado por: Raquel Romero Luján | 8 noviembre, 2018

CONMIGO

Hace dos años y medio revolucioné mi vida, rompí con la vida que no quería vivir. No fue nada fácil, había muchas cosas en ella que amaba: arropar a mis hijas cada noche, nuestras tertulias confidenciales en el baño que compartíamos, verlas cada día. Eso fue lo más difícil de encajar. Rompí con veinte años de matrimonio porque ya estaba roto, a pesar de querernos, de que pensara que era el hombre con el que siempre había soñado estar. Pero nuestra relación no era nada sana, no supimos hacerlo, no evolucionamos a la par: él no era feliz, ni yo, y no les estábamos dando a nuestras hijas la familia que merecían. Lo dejé por amor. Amor a ese hombre que hacía tiempo que quería volar. Amor hacia mí misma que volaba a ratos pero volvía bajo su ala por miedo, por seguridad, por necesidad camuflada de muchas cosas. Amor hacia mis hijas: no quería un hogar triste, huraño, desajustado; no quería que pensaran que uno no es libre siempre y que si no es plenamente feliz donde está debe romper por difícil que sea. Y fue la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Los miedos (a la soledad, a equivocarte, a estar arruinando tu vida y la de tus seres más queridos: miedo al cambio, en definitiva) te paralizan. Siempre dije que lo hice por mis hijas y por mi madre. Porque mis hijas sepan que se puede salir adelante sola, por hacer justicia a mi madre (mujer vitalista y luchadora pero hija de la época que le tocó vivir).

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Con el tiempo ese hombre que me acompañó durante veinte años de mi vida y al que elegí como padre de mis hijas con muy buen criterio, me agradeció que tuviera la valentía de hacer lo que no se atrevía.
No fue fácil. Trato de poner buena cara a la vida porque está llena de cosas hermosas, trato de que los que me quieren sufran por mí lo menos posible. Y todos me veían saltar, brincar, viajar, salir, entrar. Y todos lo veían a él mal y yo decía estar, por fin, viviendo la vida que quería vivir. Pero ninguna de las dos cosas era cierta. Yo sufría lo indecible la semana que estaba sin mis hijas (mis dos prolongaciones, como las llamaba). Yo, desde los 16 años encadené una relación con otra y no aprendí a vivir sola. Huía de mi realidad: no quería estar en mi casa, no quería parar, no quería estar sola (nos creemos que la soledad es la inexistencia cuando en realidad es el único modo de conectar con nosotros). Perdí “amistades” que no comprendieron, que decidieron ponerse de un bando, como si dos personas que se han amado y que tienen lo mejor de sus vidas (aquello por lo que tanto han luchado) en común, pudieran estar enfrentados. Del amor al odio hay un paso pero no cuando la separación se hace desde el amor. No puedo odiar al que pensé que era el hombre de mi vida (falacia: la mujer de mi vida soy yo; antes lo decía pero no lo llegaba a sentir así), al padre de mis hijas, al que (con errores por ambas partes) creció conmigo durante veinte años (¡pasamos juntos tantas cosas!), jamás le he odiado. Claro que existen fricciones. Claro que tienes que romper con muchos lazos. Claro que hay desencuentros (si los hay en la pareja es normal que los haya con quién ya de repente no lo es). Pero odio jamás.

Y volví a equivocarme. Creía estar viviendo conscientemente pero no lo hacía. Sin querer queriendo me metí en una no relación que luego fue relación (aunque él lo negara o afirmara según a quién) y que finalmente descubrí que había sido un gran engaño siempre. Eso es lo de menos ahora porque al fin pude salir de aquella nueva cárcel en la que me metí. Por una vez supe lo que era la MENTIRA. Pero también me sirvió, claro. Para analizar qué me llevó a ese punto de inconsciencia temeraria, cómo fui capaz de no querer ver lo evidente. Porque me hacía la ciega, porque necesitaba creerle, porque me conformaba. Y obviaba lo malo, y no atendía a mi intuición que tantas veces me hizo escapar de su lado. Pero volvía reiteradamente a su lado, porque quería creerle, porque me quedaba con lo bueno, porque desconfié de mí misma, porque no atendí a lo que realmente quería: porque no amaba, necesitaba, no compartía, llenaba vacíos.

Y volví a romper, esta vez de forma absolutamente definitiva porque abusó de mi confianza, se aprovechó de mis circunstancias, utilizó el poder sobre mi vida que le otorgué. No es que no le perdone, no se trata de perdón, me produce lástima un ser tan primitivo. No es rencor, simplemente no quiero saber más de él, con lo que sé tengo de sobra.

Y de nuevo empezaron a aparecer otras personas, muchas personas. Y la inercia me hizo equivocarme, pero esta vez solo en mi mente. La vida, o mi actitud ante ella, me regaló gente honesta por el camino. Maestros que sutilmente me ponían un espejo que me cuestionaba a mí misma.

Y aquí estoy. Sola y feliz, por fin.

Posteado por: Raquel Romero Luján | 2 noviembre, 2018

TARTA DE CHOCOLATE; OJOS DE CACAO

Abre la nevera. No alcanza a verme con su mirada de cacao. No consigue leer la frase que me recubre: ¡Feliz cumpleaños, querida Raquel!

La niña triste cierra la puerta, llora y grita: ¡No soy nada para nadie! ¡Nadie me quiere! ¿Será verdad que me recogieron de un vertedero?

Trabajo del Taller de escritura de Santiago Gil, Casa Museo León y Castillo, Telde. Escrito en clase el 20/10/18 Escribir en no más de cinco líneas lo que ocurre cuando abres la nevera y ves la tarta de tu sexto cumpleaños.

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